"Estoy a favor de los derechos de los animales al igual que de los derechos humanos. Es la única manera de ser un humano completo".

- Abraham Lincoln


En algún lugar, bajo la lluvia, siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz.

martes, 1 de marzo de 2011

DUELO POR UNA MASCOTA



Quizá, la primera experiencia real que uno tiene con la  muerte, ocurre en la infancia cuando se nos muere una mascota.
Los lazos afectivos que uno forma pueden llegar a ser muy fuertes; por lo general estos lazos se asocian mucho más a perros y gatos sin embargo, todas las mascotas, desde los caballos hasta los hámsters, tortugas, pájaros y peces pueden despertar fuertes sentimientos de apego. Si bien a mucho puede sorprender, una mascota, más que una compañía es un miembro más de la familia.
Alguna vez habrás escuchado que no hay mejor psicólogo que una mascota, bueno es verdad, nuestras mascotas nos enseñan a manifestar nuestros sentimientos, ha desarrollar la sensibilidad, la ternura y el cariño hacia un tercero, aprendemos a cuidar a otros, creamos hábitos, nos volvemos responsables y nos enseñan a conocer (especialmente cuando somos niños) el ciclo de la vida y aceptar sus diferentes etapas.
Su vida es relativamente corta y para los que las amamos puede llegar a resultar incluso más doloroso que la pérdida de algún familiar o amigo. Son muy pocos los que no son tocados por la muerte de un animal doméstico; ellos simbolizan muchas cosas en nosotros: el hijo que todavía no llega, el compañero paciente y fiel que nos da la bienvenida cuando llegamos a casa cansados y estresados, y a su vez nos para frente al espejo sacando de nosotros lo positivo y negativo.
Solo quienes la viven, la pueden entender, cuando una circunstancia así nos alcanza, extrañamos sus juegos, su olor, su compañía y no está demás sentirlo, han sido años de complicidad de entrega mutua y amistad. Inevitablemente, el vacío y el dolor nos invade y aunque intentemos controlarlo, las lágrimas nos ganan.
Las personas que más afectadas se ven con esta pérdida son los niños y los adultos mayores. Tiene sentido, en el caso de los niños son sus primeros amigos peludos y drásticamente viven su primera muerte cercana. En el caso de los adultos mayores, la soledad los une a estos seres los cuales se vuelven sus compañeros inseparables; de hecho para ellos a diferencia de los niños resulta peor y hay que estar atentos ya que pueden caer en una profunda tristeza convirtiéndose en depresión.

Como aliviar la muerte de una mascota?

-       Lo más importante, es reconocer el dolor y expresarlo.
-       No tener vergüenza por sentir tristeza y dejar que nuestros familiares y amigos nos ayuden a lidiar con el dolor.
-       Algo muy útil sería escribir lo que se siente e intentar cerrar esta etapa de su vida.
-       Muchas personas que han vivido la muerte de un animalito cercano, se han beneficiado emocionalmente prestando ayuda a organizaciones protectoras de animales.
-       Conseguir otra mascota – si bien se necesita un tiempo para aceptarlo – también se necesita llenar ese vació no con la idea de suplir a nuestro amigo anterior sino para brindar amor y seguir expresando nuestros sentimientos y emociones positivas.

El duelo por la pérdida es un proceso por el que todos alguna vez vamos a pasar. Vamos a sentir incredulidad, dolor, rabia, frustración, culpa, ansiedad y por último aceptación.
Los síntomas que vamos a experimentar pueden ir desde falta de apetito, trastornos de sueño, falta de interés, dolores de cabeza, fatiga, abandono hasta sentimientos de desesperación. Estas reacciones son normales y es importante permitírselas  para seguir con el proceso de duelo y que la tristeza desaparezca con el tiempo.

Vivir el dolor de la pérdida es el principio de la curación. Si uno no lo vive y evita por todos los medios el duelo, comienza un duelo enfermizo que genera en la persona una rigidez emocional que podría llevarla a no querer tener más una mascota para no volver a sentir esa tristeza.
Es muy importante recobrar su cariño a través de las innumerables anécdotas que se vivieron con él. Debemos aceptar este sentimiento de tristeza, no negarlo, y, por ende, darse espacio para llorar. También es esencial rodearse de un buen círculo afectivo, pues, como sabemos, una pena compartida y expresada es media pena. Hablar del tema alivia el corazón y nos permite integrar la muerte a la vida.

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